31 de julio de 2014

12 años de la Canonización del primer santo canario, el Santo Hermano Pedro

     Ayer en el Espacio Religioso Cueva del Santo Hermano Pedro en El Médano tuvo lugar la Celebración de la Eucaristía en Acción de Gracias por los 12 años de la canonización del Santo Hermano Pedro.

     Tras un largo proceso que comenzó hace más de tres siglos en Antigua, la ciudad de Guatemala en la que vivió y murió el Hermano Pedro, culminó en la tarde de aquel día 30 de julio de 2002 con la Celebración Eucarística presidida por S. S. Juan Pablo II (hoy santo) en la que declaró solemnemente la santidad del entonces Beato y ordenó su inscripción en el Catálogo de los Santos, fijando como día de su fiesta el 24 de Abril por coincidir la fecha de su muerte con la fiesta del evangelista San Marcos.

    A las 15,30 hora insular canaria (las 8,30 de la mañana en Guatemala) los cerca de un millón de fieles abarrotaban el Hipódromo Sur de la Capital del país guatemalteco, el lugar donde iba a celebrarse al Acto de la Canonización. Media hora más tarde, recorría el estadio en su papamóvil S. S. Juan Pablo II bendiciendo a todos los asistentes.

     Y a las 16,30, hora de Canarias, (9,30 al otro lado del Atlántico) daba comienzo la solemne Celebración de la Eucaristía, presidida por Su Santidad, al que acompañaban cardenales, obispos y unos 800 sacerdotes concelebrantes con la participación de un coro integrado por unos cuatrocientos cincuenta hombres y mujeres pertenecientes a las parroquias guatemaltecas. Se hallaban presentes las autoridades civiles de Guatemala, España y otros países de Centroamérica.

     Antes del comienzo de la Eucaristía y para ambientar el ánimo de los congregados, se hizo una proclamación compuesta de acertadas reflexiones y excelentes melodías musicales en torno a las cuatro claves que configuran la fisonomía espiritual y humana del entonces Beato: Amigo de Dios, amor a la Cruz, la locura de Belén y su amor al “Amor de los amores” hecho niño y su servicio a Cristo en los pobres. No podía ser mejor la preparación. El ánimo de los presentes estaba a punto para el comienzo de la Eucaristía.

     Fue emocionante la aparición de Juan Pablo II revestido con los ornamentos pontificales para dar comienzo la celebración. Tras su saludo a la Asamblea, dirige a S. Santidad unas palabras de bienvenida el Sr. Arzobispo de Guatemala, Monseñor Rodolfo Quezada Toruño.

    A continuación, el Santo Padre introduce la celebración y el Acto Penitencial. Tras un breve silencio se entonan las aclamaciones litúrgicas propias del momento.

S.S. Juan Pablo II
en la canonización del
Hermano Pedro
     Finalizadas las aclamaciones del acto Penitencial, se acerca al altar el Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, acompañado por el representante del Postulador y los Superiores Generales de las Ordenes Betlemitas, para pedir al Santo Padre que proceda a la Canonización del Beato Pedro de San José de Betancur, leyendo una breve semblanza biográfica del nuevo santo y resaltando el incalculable valor pastoral y eclesial que el acontecimiento encierra para Guatemala y para toda América.

    Finalizada la intervención del Cardenal, el Santo Padre invita a todos a orar, pidiendo la luz y la sabiduría del Espíritu e invocando a Dios Padre, a la Virgen y a todos los Santos y Santas. El coro y la Asamblea cantan las Letanías de los Santos.

     Acabado el canto, cuando las agujas del reloj señalaban las 16,42, hora insular canaria, el Santo Padre, sentado y con mitra, pronuncia la solemne Fórmula de Canonización, que es rubricada por el estallido de júbilo del casi millón de fieles con un ferviente y prolongado aplauso al que se une la aclamación cantada por Coro.

Tumba del Santo en Guatemala
    En el mismo momento en que S. Santidad pronunciaba la solemne fórmula con la que inscribía al Hermano Pedro en el Catálogo de los Santos, todas las campanas de las Iglesias de Tenerife repicaban a gloria, según lo había dispuesto nuestro Obispo, en una explosión de alegría por la definitiva elevación a los altares del primer Santo Canario.

    Mientras continúa el canto, un grupo de asistentes lleva hasta el altar la reliquia del hermano Pedro, rindiendo homenaje al nuevo santo.

     A continuación, el Cardenal Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, rodeado de sus acompañantes, agradece a Su Santidad en nombre de toda la Iglesia, en especial de la Iglesia en Guatemala y en Tenerife, la proclamación de la santidad del Hermano Pedro y pide sea publicada la Carta Apostólica de la Canonización. El Santo Padre acoge la petición con las siguientes palabras: LO ORDENAMOS. Así termina el acto de la Canonización, continuando los ritos propios de la Eucaristía.

     Después de la Liturgia de la Palabra, el Santo Padre pronunció la Homilía en la que glosó la figura del nuevo Santo, que hizo realidad en su vida en grado heroico el servicio y atención a Cristo, presente en los pobres, enfermos y necesitados, subrayando que el Hermano Pedro se destacó por la práctica de la misericordia con espíritu humilde y vida austera. “El nuevo Santo, añadió Juan Pablo II, es también hoy una apremiante llamada a practicar la misericordia en la sociedad actual, sobre todo cuando son tantos los que esperan una mano tendida que los socorra” “El Hermano Pedro, siguió diciendo el Papa, es una herencia que no se ha de perder y que se ha de transmitir para un perenne deber de gratitud y un renovado propósito de imitación”.

Vilaflor (Tenerife), cuna del Santo
     El Pontífice finalizó su intervención “recordando cómo la devoción a la Santísima Virgen acompañó siempre la vida de piedad y misericordia del Hermano Pedro. Que Ella nos guíe también a nosotros para que, iluminados por los ejemplos del “hombre que fue caridad”, como se conoce a Pedro de Betancur, podamos llegar hasta su Hijo Jesús. Amén”.

     En el rito de las ofrendas dos jóvenes y un matrimonio de Vilaflor, Granadilla y La Laguna, ataviados con trajes típicos de la Isla, fueron los encargados de llevar y presentar al Santo Padre, en nombre de la Diócesis tinerfeña, unos ramos de flores, un mantel calado por un grupo de mujeres de Vilaflor y un lote de vasos sagrados.

     Tras las preces, acabada la Liturgia de la Palabra, se pasa a la Mesa Eucarística con el Prefacio y la Plegaria III del Misal Romano. Después de la Plegaria tuvo lugar el rito de la Comunión, que distribuyeron por todo el Hipódromo cientos de sacerdotes.

      Terminada la comunión y recitada por el Santo Padre la oración correspondiente, Juan Pablo II impartió solemnemente la Bendición con la que se ponía punto final a la Celebración que había comenzado tres horas antes.

     Si fue emocionante la acogida que los guatemaltecos y visitantes habían tributado a Su Santidad a su llegada, lo fue aún más a la despedida. A Juan Pablo II se le notaba contagiado de aquel entusiasmo, pero tenía que despedirse para desplazarse a Méjico donde le esperaban dos jornadas agotadoras.

    No podemos dejar de destacar que el día antes de la Canonización, nuestro Obispo don Felipe Fernández y los peregrinos de las Islas participaron en la última celebración preparatoria, que tuvo lugar en Antigua con asistencia de numerosos obispos y sacerdotes y gran cantidad de fieles.

     Igualmente, merece destacarse la Misa de Acción de Gracias presidida por nuestro Obispo al día siguiente de la Canonización ante la tumba que guarda el cuerpo del nuevo santo. Don Felipe glosó brillantemente la famosa frase de Jesús en el Evangelio de S. Mateo: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla", elevando al cielo una letanía de agradecimientos por todos los dones concedidos en la persona y a través del Santo Hermano Pedro.

     Si la Canonización del Hermano Pedro se vivió en Guatemala con entusiasmo y devoción desbordantes, no le ha ida a la zaga la Diócesis Nivariense, sobre todo, la Isla de Tenerife, cuna del nuevo Santo. Por disposición de nuestro Obispo se celebraron en todos los templos de la Diócesis Misas de Acción de Gracias, culminando con un Solemne Triduo, presidido por Don Felipe, el día 11 de Agosto en la Catedral de La Laguna, el día 14 en la Cueva del Hermano Pedro, en Granadilla, y el día 15 en la Parroquia de Vilaflor.

    Si ya era grande la devoción al Hermano Pedro en toda la Isla, desde su canonización se ha intensificado notablemente, aumentando las peregrinaciones a la Cueva que le sirvió de refugio en los llanos del Médano y a la Parroquia de Vilaflor en que fue bautizado y al Santuario anejo, edificado en su memoria.

      Fue precisamente la curación de un niño de cinco años, natural de Vilaflor, cuna del nuevo Santo y en donde vivió hasta su marcha a Guatemala.

Espacio Religioso Cueva del Santo Hermano Pedro (El Médano),
lugar donde el santo pastoreaba el rebaño en la época de invierno
     Adalberto es el nombre del niño al que le diagnosticaron un linfoma tipo Burkitt, cáncer de crecimiento rápido y pronóstico grave, localizado en el abdomen.
     Cuando el niño ingresó en el Hospital de La Candelaria, el tumor estaba muy extendido y el pronóstico era desesperanzador según los médicos. Sin embargo, se le aplicó el último tratamiento a base de quimioterapia protocolizado hasta entonces. “Nuestra sorpresa fue enorme cuando, pasado mes y medio, volvimos a abrir el abdomen y nos encontramos con que ya no había ningún tumor, sólo cicatrices”, aseguraron los médicos que lo trataron y que testificaron ante el Tribunal constituido al respecto. Durante todo el proceso de la enfermedad el pueblo de Vilaflor rezaba insistentemente por intercesión del Hermano Pedro pidiendo la curación de Adalberto, a la vez que siempre estuvo acompañado con una estampa con reliquia del Beato, facilitada por una Hermana de la Comunidad Betlehemita.

     La noticia de la curación de Adalberto se extendió como la pólvora y todo el pueblo de Vilaflor fue en peregrinación hasta la Cueva del Médano, acompañando a la familia del niño para dar gracias a Dios ya que, por intercesión del Hermano Pedro, Adalberto había recobrado completamente su salud, cuando estaba desahuciado por la ciencia médica dada la gravedad del mal.

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